Naturaleza y cuidado del río
La Nogalera recibe su nombre de los nogales que crecían aquí, junto a huertas y frutales. Hoy el lugar mantiene su riqueza natural: sauces, fresnos, chopos baños y algunas nogueras donde conviven aves como el martín pescador, pequeños mamíferos y un gran número de insectos como libélulas o caballitos del diablo.

La Mancomunidad cuida el arbolado y hace talas controladas de los ejemplares muertos o enfermos. Algunos fragmentos los reserva y los aparta del camino, para reutilzarlos como refugios o alimento para la fauna que allí habita, como el castor.
Las inundaciones han marcado siempre la vida de este tramo del Parque Fluvial. Para proteger el casco urbano de Burlada se levantó la mota, un montículo de tierra que frena el agua y la desvía hacia zonas preparadas para inundarse.

El Puente Viejo
El Puente Viejo de Burlada, de origen medieval, tiene seis arcos y mide unos 80 metros, justo lo necesario para cubrir el río de lado a lado. En la cara norte puedes ver los tajamares, unos refuerzos en forma de triángulo que ayudan a soportar la fuerza del agua en las riadas.

En las pequeñas grietas que hay entre los sillares, anidan comunidades de murciélagos. La Mancomunidad tiene esto en cuenta durante las rehabilitaciones y en caso de no poder mantener esas grietas, coloca cajas nidos para que estos mamíferos no se queden sin hábitat.
Recuerdos de otros tiempos
Cerca del puente aún se pueden ver los restos del molino de Erripavita, la acequia de los Cebollinos y el antiguo lavadero. Son huellas que muestran cómo el río siempre ha modelado el día a día del entorno y de sus habitantes.

